Día de la derrota, setenta años
Hoy hace setenta años del conocido Día de la derrota, (absurdamente aún llamado de la victoria para algunos) aquel 1º de Abril de 1939 en el que el bando genocida franquista terminaba ganando la Guerra Civil española, las tropas nacionales finalmente conseguian entrar en el Madrid que tanto habían deseado pasar y al que sin embargo nunca consiguieron vencer. Tras aquella fatídica derrota en la que perdimos todos los españoles se sucedieron cuarenta de los años más oscuros de la historia de España, y de los más perjudiciales, este resulta ser otro de esos aniversarios para recordar y no olvidar nunca; los pueblos de esta tierra fueron traicionados vilmente tanto internamente como externamente ante el casi total pasotismo de las naciones “democráticas”, el general Franco oportunista como pocos, sacó partido de todo ello y como dictador fascista impuso su voluntad durante cuatro largas décadas que supusieron un nuevo atraso tanto económico como social y mental frente al resto de Europa, y una herencia desastrosa bajo ese simulacro de transición que nos han querido vender durante todos estos últimos años. Hoy nos toca recordar y no olvidar no solamente todo el horror y todos los caídos que supusieron aquellos casi mil días de lucha, si no la derrota que tuvimos que sufrir y la cercenación de la libertad.
A los que estudiamos la Guerra Civil y sus consecuencias, y a los que estudiamos Historia en general no se nos escapa el pensar quizá en qué hubiera ocurrido si se hubiese aguantado unos meses más, si se hubiese entroncado con la guerra europea que comenzó tan solo cinco meses después, de qué hubiera ocurrido sí la república hubiera ganado la guerra, algunas son meras elucubraciones, otras son afirmaciones más fundamentadas, si bien es cierto que el resultado habría sido bien distinto es difícil adivinar lo que no ocurrió, pero sinceramente creo que así hubieramos ganados todos.
No olvidar NUNCA.
Un Saludo.
Exposición: España 1808 – 1814 La Nación en armas
La exposición que inicia el bicentenario de la Guerra de la Independencia Española (1808 – 1814) está organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y se encuentra situada en el teatro Fernán-Gómez del Centro Cultural de la Villa de Madrid.
La exposición se divide en ocho secciones, la primera, titulada “De aliados a invasores” trata de representar la situación previa a la guerra, en esta primera sala se pasa muy fugazmente o sin apenas mención por los distintos aspectos claves que desembocaron en el conflicto armado, escasas o nulas son las referencias a aspectos como el Tratado de Fontainebleau, el motín de Aranjuez o la crisis dinástica existente durante la época en España, en una sala que debiera servir como introducción al tema y que sin embargo no lo hace, en cuanto a las piezas expuestas en la sala sobresalen una copia del cuadro Napoleón I, emperador de los franceses de François Gérard, armas de los mamelucos, un estuche con pistolas perteneciente a Napoleón y el libro de la compañía de Daoíz.
Sin tener una imagen clara de los sucesos y antecedentes que desencadenaron la guerra, el hilo conductor de la exposición lleva al visitante a la segunda sala, la más grande, titulada con el nombre de “Los ejércitos” en ella básicamente se tratan de exponer piezas pertenecientes a la multitud de ejércitos regulares internacionales que participaron en el conflicto, diversos uniformes de oficialía del ejército inglés, francés y de tropas polacas se exponen en las vitrinas junto con la pieza central, un cañón del ejército francés, estos objetos aparecen en una sala en la que se observa la importante carencia de objetos españoles, salvo la excepción de un único uniforme militar español, siendo España precisamente el escenario de la guerra, así como sobre el que se desarrolla esta exposición, se ahonda aquí demasiado quizá en la dimensión internacional del conflicto, olvidando en gran parte a la nación que se levanta en armas, claro ejemplo es la nimia exposición del neceser de campo del Duque de Wellington con la vajilla al completo.
La visita continúa por la tercera sala, “Haciendo la guerra a lo moro”, sección que se supone dedicada al importante papel que durante la guerra jugó la guerrilla española, sin embargo muy escasa es la dedicación que merece esta sección en la exposición, a la cual se le ofrece un demasiado corto espacio para exponer algunas pertenencias de reconocidos guerrilleros como “El empecinado”, y hacer ligera mención de otros guerrilleros como “El Charro” o “El cura Merino”, demasiado comprimida esta sección, siendo por el contrario primordial la aportación de la guerra de guerrillas, que consiguió minar al poderoso ejército francés y gracias a la cual, en gran parte se vio demostrado el sentimiento nacional frente al invasor.
La guerra propiamente dicha tiene su espacio por primera vez en la cuarta sala, “La marcha de la Guerra” en la que directamente se pasan a resumir cuatro años de guerra, una vez más en un espacio corto, no muy apropiado para tal tarea. Las obras que deben ilustrar esto son algunos retratos, como los del General Castaños, Teodoro Reding, y cuadros como El Sitio de Zaragoza de Jean-Charles Pellerin y algunos otros sobre las batallas más significativas.
Se produce un corte en el hilo narrativo de la exposición, y de la guerra, para mostrar lo que la exposición titula “Una guerra también entre españoles” en la sala quinta, que sirve para exhibir lo que al parecer, según la organización, es un conflicto también interno entre los propios españoles, siendo esto, a mi juicio, un error, ya que de producirse tal “conflicto” el nombre más correcto no sería el de guerra, ya que esta, como tal, entre españoles, no existió, sino más bien un conflicto ideológico (y también en su mayoría posterior a la guerra) entre partidarios de una revolución liberal y partidarios del absolutismo.
La sala seis llamada “La mujer en la guerra” está dedicada al rol desempeñado por la mujer en la contienda, tanto en la retaguardia o desarrollando labores de apoyo como en el mismo campo de batalla, destaca la presencia de la heroína Agustina de Aragón, como en el retrato del mismo nombre del autor Juan Gálvez.
La séptima de las áreas vuelve a retomar el hilo de la guerra donde se quedó allá por la sala cuarta, “El camino a la victoria” es su título, sirve para contar los dos últimos años de la fase final de la guerra, cuando ya se empieza a fraguar la victoria española sobre el ejército francés.
El visitante concluye la visita en la sala octava, denominada “Memoria de la guerra, memorias en guerra” que cierra la exposición con un repaso sobre las distintas interpretaciones y el calado que han dejado a lo largo de los dos siglos que suceden a la guerra, se muestra cartelería utilizada en la Guerra Civil española haciendo alusión a la Guerra de la Independencia, y de películas, trata también la utilización y aparición de mitos, es una buena visión de la posterior influencia de esta guerra y de su utilización ideológica.
La exposición padece muchas e importantes lagunas, llama la atención que no se trate el tema de la guerra en profundidad, ni el floreciente sentimiento de nación en respuesta al invasor, así como otros temas de capital importancia, también que quizá la elección de las obras y objetos expuestos no sea del todo acertada, reduciendo en algunas áreas importantes la presencia de objetos nacionales en detrimento de los de origen extranjero además de la utilización de algunas copias en lugar de los originales, sin duda una gran oportunidad perdida. En cuanto al planteamiento museológico se trata de un recorrido no muy largo ni pesado, cómodo por lo menos en lo que respecta a luz y a espacio, pero muy negativo en cuanto a la explicación de textos se refiere, demasiado densos, y de dificultosa lectura, otro punto acertado es que la exposición se encuentra acompañada en algunas salas por un hilo musical de canciones populares durante la guerra.
El Sinodal de Aguilafuente



El Sinodal de Aguilafuente es un libro, pero no un libro cualquiera, es precisamente el primer libro impreso en España, de ahí su enorme importancia histórica. Entre el uno y el díez de Junio de 1472 en la iglesia de Santa María de la villa segoviana de Aguilafuente se celebró un Sínodo (o concilio eclesiástico o de obispos) y el obispo de Segovia, Juan Arias Dávila, hombre de su tiempo, culto, y un gran humanísta, quería instruir al clero de su diócesis y se puso en contacto con Juan Párix de Heidelberg, un técnico alemán que ya había trabajado previamente en el taller de Gutemberg y que conocía por tanto la técnica de la impresión, Párix instaló su taller en la cuidad de Segovia y se convirtió en el primer impresor español, y en el mismo año de 1472 (tan solo tres años después de que se hiciese en Francia y dieciocho después de la biblia de 42 líneas de Gutemberg) se imprimía en España El Sinodal de Aguilafuente como primer libro.
Tan solo se conserva un ejemplar original del libro, de un incalculable valor, y está clasificado como uno de los incunables, en el Archivo de la catedral de Segovia, fue descubierto allí en 1930 por el canónigo archivero Cristino Valverde. Desde 2004 existe una cuidada edición fácsimil, editada por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.
En la actualidad se celebra todos los años, durante el mes de Agosto, en Aguilafuente (Segovia), una fiesta en conmemoración de la impresión del libro, en ella se hacen representaciones teatrales reconstruyendo el ambiente histórico del Sínodo en Aguilafuente, conciertos, danzas y un mercado medieval, además de otras actividades, todo ello con la participación de los vecinos caracterizados como personajes del siglo XV.
Un Saludo.
Allon encontrada en Villajoyosa
Cómo mola, yo de esto no me había enterado:
Parece ser que se confirma el hallazgo de la ciudad de Allon (o Alonis) uno de los núcleos urbanos principales que se citan en las fuentes romanas antiguas, junto con Lucentum (Alicante), Ilici (Elche) y Dianium (Denia). Aunque ya se había tratado de situar a Allon en algunas localidades como Santa Pola o Guardamar, esto es algo que hasta la fecha no había podido ser confirmado por los hallazgos arqueólogicos, sin embargo el hallazgo de unas importantes termas en el subsuelo de Villajoyosa (Alicante) que deberieron pertenecer a una ciudad de tamaño considerable, parece determinar su ubicación. El hallazgo se produjo en el casco urbano de Villajoyosa, concretamente en la calle Canalejas, en un solar en construcción, en el que el propietario pretendía construir un hotel.
Este sea probablemente el hallazgo arqueólogico romano más importante en España de la última década. El equipo de arqueólogos ha sido integrado por Diego Ruíz, Amanda Marcos y el director del museo municipal de Villajoyosa, Antonio Espinosa. Las termas se hallan en un excelente estado de conservación, son erigidas mediante grandes sillares provistos de molduras decorativas talladas, y muestran el característico sistema de calefacción romano, las estancias de servicio de los esclavos, las piscinas de agua fría y caliente y el sistema de desagüe, estan datadas en época flavia, alrededor del año 74 d.C.
Un Saludo.

